abriendo sus cofres le ofrecieron regalos oro incienso y mirra

Anunciado en El Planeta el 7 de enero.

José Domingo Monforte. Colega-directivo de Domingo Monforte Advocats.

Al notar la estrella, se llenaron de enorme alegría. Entraron en la vivienda, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas le adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. (Mateo 2, diez-1

Fuente: Períodico de Mallorca

En el momento en que hay pequeños en el hogar, el cinco de enero es, indudablemente, la noche mucho más mágica del año. Primeramente, pues ayudar a la ilusión con la que viven y aguardan conmueve hasta el corazón mucho más frío. Y, seguidamente, pues observamos reflejados en ellos nuestra inocencia de otrora, soy inútil de distinguir cuántos y dónde -las memorias, cuanto mucho más viejas, mucho más difuminadas- pero tengo dulces recuerdos de la noche de Reyes. que abrigarse, la gorra, la bufanda, el abrigo bien cerrado… Llegábamos antes de tiempo a ponernos tras las vallas que delimitaban el paseo por el que pasaría la cabalgata siguiente al períodico: en Barcelona llegaban por mar, pequeños a caballete sobre sus progenitores es, cochecitos, alguna madre histérica que procuraba colarse enfrente a fin de que los suyos puedan ver mejor.El vuelco en el corazón al atisbar a los que encabezaban la comitiva, si bien fuesen comunmente los menos int. eresantes. La ilusión desaforada al atrapar los caramelos que tiraban con alegría a los pajes. Las sonrisas al sonido de la música. ¡El rey Melchor, el rey Gaspar y, al fin, el rey Baltasar! Al pasar, el rey negro, que es mi preferido, siempre y en todo momento volvía la cabeza hacia nuestro lado justo en el momento en que se encontraba enfrente y siempre y en todo momento me dirigía la mirada a mí! No tenía ninguna duda de que era de esta forma. Una vez acababa, volvíamos a casa con la adrenalina por las nubes y los bolsillos cargados de dulces. Era instante de bañarse, ponerse el pijama, cenar, regresar a adecentar los zapatos, ponerlos en el salón, elaborar las tres copas y el turrón, revisar nuevamente la carta –Estimados Reyes Magos…– antes de cerrar el sobre, proceder a la cama y confrontar a la pelea entre estimar dormirse próximamente a fin de que antes va a llegar la mañana y no poder ojar alterados por si acaso oíamos algún estruendos o veíamos alguna sombra.

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