dios mismo creó la sexualidad que es un regalo maravilloso

El papa Francisco mencionó que el sexo es un “enorme” obsequio de Dios y no un tabú, y aconsejó que debería vivirse como un amor con pasión y para toda la vida entre un hombre y una mujer.

El sumo pontífice expresó su opinión frente a un conjunto de jóvenes católicos de la diócesis de Grenoble, en Francia, a los que aconsejó a resguardar su sexualidad de la pornografía y otras tentaciones que apartan el sexo de amor.

Alumbrados por la Palabra de Dios (diez min.)

Capacitación

Pues todavía Jesús su revelación en el planeta –capítulo segundo: “Jesucristo siempre y en todo momento joven”– precisó capacitación, un desarrollo de preparación gradual. Y esto, mientras que se relacionaba con su familia y amigos, no apartado de ellos. Es el modelo que ofrece Francisco: proyectos pastorales que tomen los jóvenes, insertados en la sociedad, para prepararlos y lanzarlos “al acercamiento con el resto, al servicio desprendido, a la misión” (n. 30).

Y la Iglesia, misionera, es joven. Puede renovarse “y ser de nuevo joven en múltiples etapas de su muy larga historia” (n. 34). No joven por ceder a la tentación de deformar el mensaje y diluirse con el resto. Es joven en el momento en que es ella misma, en el momento en que recibe la fuerza siempre y en todo momento novedosa de la Palabra de Dios, de la Eucaristía, de la existencia de Cristo y de la fuerza de su Espíritu todos y cada uno de los días. Es joven en el momento en que es con la capacidad de regresar constantemente a su fuente” (n. 35).

¿Castidad = opresión?

La Iglesia Católica ofrece un sendero para vivirlo de hecho, para defenderlo de lo que puede tergiversar el genuino sentido de la sexualidad: esto tiene por nombre castidad. Frecuentemente se ha comprendido que castidad equivale a reprimir los aprecios y sus manifestaciones anatómicos o se ha reconocido castidad con abstenerse de sostener relaciones; esto no es preciso. La castidad no es reprimir los aprecios y sus expresiones anatómicos; es ordenarlos; todos nos encontramos llamados a vivir en castidad nuestras relaciones cariñosas. «Según la visión cristiana, la castidad no significa completamente rechazo ni desprecio de la sexualidad humana: significa mucho más bien energía espiritual que sabe proteger el cariño de los riesgos del egoísmo y de la agresividad, y sabe promoverlo hacia la su realización plena.» (Familiarios Consortio, 33). Esto es, vivir castamente la sexualidad quiere decir que el lenguaje del cuerpo sea verdaderamente expresión de amor, y no falsedad, egoísmo, crueldad, manipulación del otro o algún otro riesgo que le prive de su genuino sentido.

A fin de que corazón y cuerpo vayan acompasados, es requisito que las manifestaciones de cariño –caricias, besos, abrazos, relación íntima- sean honestas, que nazcan de un genuino cariño y no estén “contaminadas” por egoísmos, fácil deseo de exitación, manipulación del otro… Pero, aparte de francas, han de ser verdaderas. Cada género de cariño, cada relación, se expresa mediante movimientos distintas. No es exactamente lo mismo el beso o abrazo que ofrecemos a un amigo que el que ofrecemos al novio/a. Exactamente el mismo ademán (un abrazo) puede expresar cosas diferentes. Si a un amigo le besamos que expresa un amor de predilección como es el de los novios, este beso no es verdadero; pues con el cuerpo andas expresando algo (una predilección particular) que no corresponde al amor que hay en tu corazón por esa persona (amistad). Y de este modo hay una división entre la realidad del corazón y la expresión del cuerpo.

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