frases a los niños no solo hay que dar regalos

Oraciones para felicitar al Día del Niño

A los pequeños no les basta el pan, precisan caricias para ser buenos y para ser fuertes (Concepción Arenal). A un niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar (Gabriel Chavalier). Antes de casarme tenía seis teorías sobre la manera de educar a los pequeños. En este momento tengo seis pequeños y ninguna teoría (Lord Rochester). Cada niño que viene al planeta es mucho más bonito que el previo (Converses Dickens). En el momento en que el niño destruye su juguete, semeja que busca el alma (Víctor Hugo). El cariño es para el niño lo que el sol para las flores (Concepción Arenal). El espíritu infantil no es un vaso que debamos completar, sino más bien un hogar a calentar (Plutarco). El más destacable obsequio para un niño es la seguridad de una familia unida (Nélida Beatriz Marteletti). En todos y cada niño nace la raza humana (Jacinto Benavente). Envejecer es obligación, pero medrar es opcional (Walt Disney). Eres la adoración de esta familia y nos encontramos muy orgullosos de que nos alegres la vida con tu presencia y cariño. Hijo, prolonga las alas y vuela libre, explora la vida y la voy a mirar mediante tus ojos. Lo fantástico de la niñez es que cualquier cosa es una joya (G. K. Chesterton). Los pequeños no tienen pasado ni futuro, de ahí que gozan del presente, cosa que raras veces nos pasa a nosotros (Jean de la Bruyere). Los pequeños son el mayor recurso de todo el mundo y la mejor promesa para el futuro (John F. Kennedy). Los pequeños y jóvenes siempre y en todo momento enseñan a los mayores y frecuentemente están marcando lo que debemos realizar sin decir una palabra (Josefina Aldecoa). Me llena de orgullo tu avance, la aptitud de estudio que tienes y, más que nada, la manera en que respetas a el resto. Mi niño del alma, siempre y en todo momento te desearé, y tu carácter no hace mucho más que asegurarme de que buena persona vas a ser más adelante. No hay nudo mucho más fuerte, eterno y particular que el que hay entre una madre y un hijo. Esperemos pudieses ver de qué forma revienta mi corazón toda vez que me obsequias una sonrisa. Quiero el ingenuo canto de un niño a la música mucho más hermosa de todo el mundo; este canto -como el amanecer- tiene dentro toda promesa (Converses de Foucauld). Que absolutamente nadie, jamás, te quite la magia de ser niño. Que jamás se apague la luz de tu mirada ni la luz de tu sonrisa. Si asistimos a nuestros hijos a ser lo que tienen la posibilidad de ser el día de hoy, van a tener el valor preciso para combatir la vida con mucho más amor (Madre Teresa de Calcuta). Si queda algún espacio en tu cerebro muy, muy brillante que no lo ocupen las tablas de multiplicar, tus amistades y tus juegos, me agradaría que lo ocuparas con la seguridad de comprender que papá y mamá están cerca de ti donde desees que estés.

regalo

Si tienes ganas de saber cuánto te deseo, enseña las estrellitas del cielo. Te deseo alén de estas expresiones, te deseo por el hecho de que eres una parte de mí. Eres y siempre y en todo momento vas a ser mi niño. Todas y cada una de las adversidades de la vida sencillamente desaparecen en el momento en que te veo sonreír a hijo mío. Tu alegría y también ilusión me inspiran en ser un individuo mejor. Gracias por ocupar mi vida de luz. Un niño ha de saber que sea como sea su horrible situación le puede llevar a cabo frente (Ishmael Beah). Un niño tan particular como merece el cariño de todos y cada uno de los que te conocen.

En 1954, la Reunión General de la ONU aconsejó asignar un día del año para fomentar la educación infantil, el precaución de los pequeños y la fraternidad entre estos. Años después, en 1959, fue aprobada la Declaración de los Derechos del Niño, el tratado en todo el mundo mucho más ratificado de la historia.

Que las prisas no te hurten la magia de la niñez

Las prisas son nuestras peores consejeras. Ellas se dedican a hurtarnos los instantes mucho más apreciados y los mucho más espectaculares datos de la magia de la niñez. No obstante, si nos detenemos a meditar, quizás tenemos la posibilidad de solucionar esto.

Los deberes, organizar la vivienda, ducharse, fútbol a las seis, cumpleaños a las ocho, cena a las diez… Todo el día en el trote…y en el galope. ¿Qué deseamos hallar con esto? ¿Están gozando nuestros pequeños? ¿Nos encontramos conscientes de lo que nos nos encontramos perdiendo y de lo que les hacemos perder?

Debe mudarse de visión

Tratándose de los progenitores, en ocasiones no opínan todos los días en la alegría de los hijos, o cuando menos no lo bastante. Los progenitores acostumbran a centrarse en el éxito, equiparan a sus hijos con otros pequeños, opínan en trofeos o que saquen mejores notas. Asimismo opínan lo cansador que es ser padre, opínan en el cansancio que tienen cada día.

Pero hay que mudar la visión y comenzar a meditar en qué hace feliz a nuestros hijos (y no hablamos a las cosas materiales). Había una temporada donde los pequeños jugaban, usaban su imaginación, aprendían y les agradaba socializar. La televisión se encontraba en un background… los pequeños se divertían.

¿Entonces es malo llevar a cabo regalos a los hijos?

No. Este no es el mensaje que deseo dejar con este articulo. Habitamos una temporada de capitalismo radical donde lo común es obsequiar y obsequiar y obtener y obtener. Y, semeja que nuestros hijos -y nosotros- hemos olvidado que no hace ni cien años en el momento en que nuestros abuelos y bisabuelos vivían con el mínimo, no precisaban 2 armarios por persona, y no tenían 30 juguetes para pasárselo bien .

En este momento, nuestros hijos están hasta arriba de juguetes y entretenimientos. Y, lo malo, es que se aburren de ellos a los tres días. Es una disparidad. Como madre, en ocasiones no sé si deseo que mi hija aprenda a perfeccionarse con cualquier cosa y promueva su imaginación, o que no se quede atrás y se compare con los pequeños de la clase que tienen cien tipos distintas de juegos . Pienso que ser madre jamás había sido tan bien difícil (pero eso afirmaría cualquier madre de cualquier temporada).

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