Ser o no ser, esa es la cuestión

Es el preámbulo con el que inicia la obra de Hamlet, escrita por William Shakespeare, en el año 1603. El personaje que lleva el mismo nombre del texto inicia su monólogo maestro para introducir esta maravilla que ha sido objeto de análisis: Ser o no ser, esa es la cuestión.

Nos remonta a una dicotomía existencial en la que prevalece la realidad y voluntad. Acá entra en juego un elemento más: vida/muerte. Por esta razón, la frase está marcada en la literatura universal, siendo objeto para otros autores en su afán de desarrollar personajes que asemejen hazañas a las logradas por el Príncipe de Dinamarca.

Análisis

La oración está al comienzo del tercer acto en la escena primera. Una vez que expone el dicho, damos cuenta que el príncipe de Dinamarca vive una etapa compleja en su mundo interior, gracias a los hechos acontecidos a su alrededor.

Contexto dramático-escénico

Hamlet, es el hijo del fallecido Rey de Dinamarca junto a Gertrudis, su esposa. En distintas apariciones, el Rey (como fantasma) le explica a su hijo que Claudio es responsable de su muerte (su hermano). La única manera para estar en paz consigo mismo, es quitarle la vida a Claudio. Por si fuera poco, contrajo nupcias con su madre Gertrudis a dos meses de su deceso.

Las dudas embargan la mente de Hamlet, porque no da total crédito a las visiones que tiene con su padre ¿Lo que sucede es real o producto de su imaginación? ¿Logrará vengar a su padre, aunque manche sus manos de sangre? ¿Será factible provocar su propia muerte antes de matar a un tercero?

El contexto cultural de la época

El texto marca un antes y un después en la literatura universal, porque su análisis denota un problema existencial muy agudo en su protagonista. Son diversas inquietudes: a vivir, morir, matar, cometer delitos para subsanar el recuerdo de otros. Hablando de la época, el horror social es muy propio del Barroco, con tintes de autoconfianza, característico del Renacimiento.

Si bien en el género de la tragedia, el destino de los héroes ya estaba marcado por los dioses, en la obra de Shakespeare, la duda es tan fuerte que su protagonista no puede deliberar qué hacer, teniendo el libre albedrío propio de la época. La pregunta mantiene un rasgo ético, más que ontológico, porque la decisión del Príncipe se da a conocer hasta en la etapa cumbre de la obra.

Hamlet, siempre vacila entre su deseo de venganza o seguir sus propias convicciones. Esta dicotomía es una de las máximas representaciones de que la vida posee luces y sombras. Con este análisis salen a flote otros esquemas como tradición/modernidad, razón/locura y pasión/conciencia.

La duda existencial de la conciencia humana

Ser o no ser, estar o no estar, representa un verdadero conflicto humano con su existencia en la tierra. Aparentemente, la presencia del hombre entra en la peor de las disyuntivas, porque si elige un camino adverso, se desprende de otro con un destino similar. Hamlet debía decidir entre cumplir el mandato de su padre o continuar con la defensa de sus ideales.

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